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Cuentos para reflexionar…
¿Creéis que el único papel de un trabajador social es la gestión de recursos para solucionar las necesidades de los usuarios? ¿Pensáis que los únicos medios que tenemos para conseguir el cambio, y la respuesta a las necesidades, de las personas son los recursos y prestaciones incluidos en las diferentes Cartas de Servicios? Si la respuesta a estas dos preguntas es afirmativa, siento deciros que estáis equivocados.
Más allá de gestionar unas determinadas prestaciones, recursos y/o servicios para solventar unas necesidades concretas, el papel del trabajador social debe basarse en el acompañamiento a las personas durante su propio proceso de empoderamiento para tanto solventar sus necesidades como adquirir las habilidades necesarias para hacer frente a las mismas, o a otras, si volvieran a presentarse. Y, quizás, muchos de vosotros os preguntéis en qué consiste esto del empoderamiento de las personas…
Un buen recurso para lograr estos objetivos puede ser la lectura de algún libro. Lecturas que fomenten la compresión de la situación a los usuarios y les guíen en el camino que deben seguir para lograr el citado empoderamiento. Eso sí, hay que tener en cuenta las características del usuario, puesto que no todas las lecturas son adecuada para todo el mundo ni, por supuesto, para todas las necesidades. Y, creo que no es necesario decir que, para recomendar algo, primero hay que saber qué recomendamos.
Tengo la costumbre de leer siempre un poco antes de dormir, como forma de desconectar de todo lo sucedido durante el día. La pasada semana comencé el libro de Javier Iriondo “Donde tus sueños te lleven” (2012). En principio, creía que no me iba a aportar mucho, puesto que nunca he creído mucho en los libros de autoayuda, pero creo que es un libro que ha llegado en el momento de mi vida que más lo necesitaba y, frente a mis expectativas y sin haberlo terminado todavía, me está enseñando mucho más de lo que esperaba.
Pues bien, anoche, leyendo un poco del libro, tuve la suerte de conocer un relato que creo que puede ser de gran ayuda en una intervención en la que el usuario necesite abandonar sus miedos, darle al botón de resetear (sin olvidar lo aprendido) y comenzar de nuevo. Reflexionando sobre ello, pensé que quizás puede ser de gran ayuda para aquellas personas con una baja autoestima y autoconfianza, que no se sienten aceptadas por su entorno o que no se sienten capaces de seguir luchando por aquello que desea. Por ello, me gustaría compartirlo con vosotros para que, si lo deseáis, lo incorporeis en alguna intervención:
BIBLIOGRAFÍA DE INTERÉS
Freire, P. (1990). Política y educación. México: Siglo XXI.
Iriondo, J. (2012). Donde tus sueños te lleven. Barcelona: Espasa Libros.
Romano, J. O. (2002). Empoderamiento: enfrentemos primero la cuestión de poder para combatir juntos la pobreza. Documento de apoyo presentado en el “International Workshop Empowerment and Rights Based Approach in Fighting Poverty Together”. Brasil: ActionAid
Más allá de gestionar unas determinadas prestaciones, recursos y/o servicios para solventar unas necesidades concretas, el papel del trabajador social debe basarse en el acompañamiento a las personas durante su propio proceso de empoderamiento para tanto solventar sus necesidades como adquirir las habilidades necesarias para hacer frente a las mismas, o a otras, si volvieran a presentarse. Y, quizás, muchos de vosotros os preguntéis en qué consiste esto del empoderamiento de las personas…
El empoderamiento se relaciona con el poder en favor de aquellos que con anterioridad tenían escasa autoridad sobre sus propias vidas (Romano, 2002). Asimismo, el poder al que este concepto hace referencia no se enfoca en relaciones de dominación económica o política, sino en una dimensión social y personal centrada en el cambio. Es decir, se trata de convertir a “personas objeto”, sin capacidad de selección, en “personas sujeto” que confronten con la realidad y participen en la toma de decisiones y la transformación de la realidad (Freire, 1990).Por otra parte, creo que el trabajador social que se limita a gestionar unos determinados recursos o servicios para dar respuestas a unas necesidades no está cumpliendo al 100% sus funciones. El acompañamiento debe ir más allá y, para ello, podemos servirnos de otros recursos que, a pesar de no estar incluidos en ninguna ley o catálogo de servicio, pueden ser de gran utilidad para el proceso de empoderamiento de las personas. Sé que pueda resultar una tarea difícil, como consecuencia de la sobrecarga que actualmente están viviendo los profesionales, pero considero que esta parte de la intervención tiene una gran función en el empoderamiento de los usuarios: limitándonos a dar los recursos/servicios necesarios en un momento determinado solventamos esas necesidades, pero no ayudamos a las personas a afrontar futuras necesidades.
Un buen recurso para lograr estos objetivos puede ser la lectura de algún libro. Lecturas que fomenten la compresión de la situación a los usuarios y les guíen en el camino que deben seguir para lograr el citado empoderamiento. Eso sí, hay que tener en cuenta las características del usuario, puesto que no todas las lecturas son adecuada para todo el mundo ni, por supuesto, para todas las necesidades. Y, creo que no es necesario decir que, para recomendar algo, primero hay que saber qué recomendamos.
Tengo la costumbre de leer siempre un poco antes de dormir, como forma de desconectar de todo lo sucedido durante el día. La pasada semana comencé el libro de Javier Iriondo “Donde tus sueños te lleven” (2012). En principio, creía que no me iba a aportar mucho, puesto que nunca he creído mucho en los libros de autoayuda, pero creo que es un libro que ha llegado en el momento de mi vida que más lo necesitaba y, frente a mis expectativas y sin haberlo terminado todavía, me está enseñando mucho más de lo que esperaba.
Pues bien, anoche, leyendo un poco del libro, tuve la suerte de conocer un relato que creo que puede ser de gran ayuda en una intervención en la que el usuario necesite abandonar sus miedos, darle al botón de resetear (sin olvidar lo aprendido) y comenzar de nuevo. Reflexionando sobre ello, pensé que quizás puede ser de gran ayuda para aquellas personas con una baja autoestima y autoconfianza, que no se sienten aceptadas por su entorno o que no se sienten capaces de seguir luchando por aquello que desea. Por ello, me gustaría compartirlo con vosotros para que, si lo deseáis, lo incorporeis en alguna intervención:
En una antigua tribu india, un viejo chamán envió a las altas montañas a un joven introvertido llamado Keya con el encargo de buscar un nido de águilas. No debía regresar hasta que pudiese volver con un huevo de águila. El chamán sabía que Keya era un joven inteligente y que tenía un gran corazón pero por algún motivo era algo distinto, y los demás se burlaban de él. Keya había ido perdiendo su confianza y en muchas ocasiones no se atrevía a hacer las cosas que los demás hacían. Se preocupaba demasiado por lo que los otros pudieses pensar y esos miedos lo paralizaban.¿Qué os ha parecido? ¿Creéis que puede ser de utilidad en una intervención? ¿Con qué colectivos puede ser más útil? ¿Conocéis alguna otra lectura que pueda resultar de interés para la intervención?
Tras varios días de búsqueda, por fin Keya encontró un nido de águilas y pudo hacerse con el huevo que le había ordenado buscar el chamán.
Tras su regreso, el sabio chamán puso el huevo en el corral para que una gallina lo incubase con los demás huevos. En pocos días, los huevos se abrieron, pero el águila estaba rodeada de pequeños pollitos y obviamente creyó que era un pequeño pollito más. Pronto, por su aspecto diferente, los demás pollitos comenzaron a burlarse de ella; los pollitos eran preciosos y se movían con gracia y rapidez, y el águila, convencida de ser un pollito, se sentía fea y torpe. Las burlas eran constantes, lo que hizo mella en su confianza y que creciera llena de inseguridades, pensando que no era lo suficientemente buena o inteligente, que no era como los demás. No se sentía integrada ni aceptada.
El águila comenzó a crecer y cada vez fue más fuerte y esbelta, pero las ya crecidas gallinas seguían despreciándola por ser diferente, por no ser como las demás. El águila seguía picoteando el suelo, comiendo y comportándose como siempre habían hecho ellas. Era lo que había aprendido y ésa era su realidad.
La insatisfacción y el vacío seguían creciendo en su interior. Sentía que le faltaba algo, que su destino no podía ser pasarse la vida picoteando el suelo en aquel pequeño corral. Sentía que tenía que haber algo más.
El chamán mostró el comportamiento del águila al joven Keya, el cual sufría al ver a la majestuosa águila picoteando el suelo como una gallina. Fue él quien trajo aquel huevo, sus almas estaban unidas, por ello se sentía identificado con el águila.
Pero un día, una extraordinaria águila sobrevoló una y otra vez el poblado. Las gallinas corrieron despavoridas a esconderse. Sin embargo, la joven águila quedó inmóvil, magnetizada al ver aquel maravilloso ser volando y surcando los cielos con majestuosidad. Las demás gallinas le gritaron sin cesar que se escondiera, pero ella permaneció inmóvil ante el momento más conmovedor de su vida.
Entonces aquella extraordinaria águila desapareció de los cielos y la joven águila comenzó a gritar: << ¡Yo quiero hacer eso, yo quiero volar, tengo que intentarlo, yo quiero volar! >>. En ese momento, pasado el peligro, todas las gallinas salieron de su escondite y comenzaron a reírse y a burlarse diciéndole: <<Pero si tú eres una gallina, no te hagas ilusiones, tú no puedes volar, ¿es que crees que tú eres especial, te crees mejor que nosotras? Deja de soñar y pon los pies en el suelo>>.
El águila se resignó, agachó la cabeza y dejó que las demás le robaran sus sueños. No obstante, algo ocurrió en su interior. El chamán observó todo lo sucedido junto con el joven indio, que sufría al ver al águila así.
Entonces, el chamán le dijo a Keya: <<Ha llegado la hora>>. Entró en el corral, puso una capucha el águila, la tomó en sus brazos y comenzó a caminar junto al joven.
Tras varias horas de largo camino, ambos llegaron a un conocido y respetado lugar por la tribu. Era el lugar donde se descubría el verdadero valor de los guerreros, un impresionante acantilado con las profundas aguas de un río al fondo. Eran muy pocos los que se atrevían a realizar el peligroso salto y no todos lo habían logrado.
Se sentaron al borde del impresionante acantilado, las vistas eran espectaculares, era como estar sentado a la entrada del cielo. En ese momento, el chamán puso el águila, aún encapuchada, en manos de Keya.
-Tú y esta águila estáis unidos en el alma, los dos sois muy especiales, ambos habéis sufrido el mismo mal, los dos habéis escuchado las mismas cosas durante demasiado tiempo, os han atado las alas, han encadenado vuestras esperanzas e ilusiones, os han querido robar vuestros sueños. Hasta ahora, tú has vivido preocupado e influenciado por las opiniones de los demás. A ambos os han inculcado miedos y limitaciones irreales, si bien ambos teníais la grandeza en vuestro interior, el potencial y la capacidad para liberaros de las cadenas de las dudas y volar libres de miedos hacia un nuevo y glorioso horizonte. Para ambos ha llegado la hora de dar el salto de la liberación, el momento de romper las cadenas de todos los miedos y volar libres.
Nunca antes Keya se había acercado al acantilado. Había escuchado muchas historias al respecto y sabía que eran muy pocos los que se aventuraban a dar el gran salto. Aquellos que lo lograban eran considerados héroes y grandes guerreros por su valentía, y eran admirados y respetados por todos.
-Ahora quiero que te pongas en pie, yo quitaré la capucha al águila y en ese momento darás un salto y soltarás al águila al mismo tiempo. Vuestras almas se unirán en ese instante y los dos volareis libres para siempre.
Keya sintió algo muy especial. Sintió que era su momento. Las palabras del chamán encendieron algo en su interior. Confió plenamente en él, se puso en pie, con el alma en un puño y el corazón latiendo como jamás antes lo había hecho, respiró profundamente, elevó el águila en sus manos y dio el paso más importante de su vida, saltó gritando en un especie de liberación, empujando al águila hacia el cielo, y mientras Keya volaba hacia su libertad pudo ver cómo el águila, al mismo tiempo, batía sus majestuosas alas volando por primera vez.
Keya cayó en las profundas aguas limpiamente y, al emerger a la superficie, lanzó un grito que atravesó todos los valles: el grito de la libertad y la liberación de todos sus miedos. Sus límites y sus falsas creencias quedaron en el fondo del río. En ese momento dejé de ser el joven inseguro para convertirse en un gran hombre que atravesó la barrera de las dudas, los límites y los miedos. Se conquistó a sí mismo. Alzó la vista. Su pecho y el del águila se llenaron de orgullo y alegría, admirando a su alma gemela surcar al cielo, convirtiendo ambos su sueño en realidad.
BIBLIOGRAFÍA DE INTERÉS
Freire, P. (1990). Política y educación. México: Siglo XXI.
Iriondo, J. (2012). Donde tus sueños te lleven. Barcelona: Espasa Libros.
Romano, J. O. (2002). Empoderamiento: enfrentemos primero la cuestión de poder para combatir juntos la pobreza. Documento de apoyo presentado en el “International Workshop Empowerment and Rights Based Approach in Fighting Poverty Together”. Brasil: ActionAid
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